Capitulo II.
¿Dónde estoy…?. Fue lo primero que me pregunte, no sabía si estaba despierto, o soñando, o incluso, ambas dos.
No había cielo, ni suelo, no había nada, era un espacio oscuro, para donde yo caminaba, se veía igual… ¿Qué pasó?, no se por cuanto tiempo caminé sin rumbo, en esa oscuridad infinita y perturbadora, quizá esa fue una de las sensaciones más desagradables que me ha tocado vivir, aunque, ni siquiera se si lo viví, ya que es imposible, en ninguna parte de La Tierra hay un lugar así, a menos que sea un pantano, sin fondo, o el mar, cuando dejas de sentir el agua…No se cómo explicarlo, ya que es algo confuso, me perturba recordarlo. Seguiré.
No podía ver mis manos, ni mis pies, no podía ver nada en frente de mí, ni a la distancia, la oscuridad infinita me estaba llevando también, me quería hacer parte de ella, no lo sé, o simplemente quería alimentarse de mí. No podía sentarme, ni detenerme, ya que eso me ponía aún más nervioso. Caminé creo que por tres horas, estaba agotado, con suerte podía respirar, y en ese momento, el único pensamiento que llego a mi mente fue:
“Malditos cigarrillos”.
Después de caminar sin rumbo, durante más o menos, cinco, o seis horas, ya que en ese momento, había perdido la noción del tiempo, y no sabía cómo reaccionar frente a eso, yo estaba flotando, flotando en una oscuridad infinita dentro de un espacio desconocido. Miré hacia arriba, y de repente apareció una luz extremadamente brillante, arriba de mí, extendí mi mano por instinto, llamando a esa luz que cegaba mis ojos, la cuál bajó hacia mí, luego de eso, no recuerdo mucho.
Desperté en el suelo de otra habitación, era hermosa, pero detrás de la puerta de salida de esta habitación, aún se veía la oscuridad de la cuál había escapado, la luz, me había absorbido. Esa habitación, la cualidad que tenía, era que estaba llena de espejos, totalmente plagada de ellos, había en las paredes, en el techo, en el suelo, incluso, algunos espejos de pie en la habitación, espejos sobre los espejos. Cada uno de ellos, en las orillas, tenía una pequeña cinta dorada, de oro quizá. Me puse de pie sobré uno de los espejos, y comencé a analizar la habitación con la mirada. No quise moverme mucho, por el miedo a que algo inesperado pasara, aunque de todas formas, estar allí era algo inesperado.
Sentí una pequeña brisa en el cuello, cómo si alguien lo hubiera soplado, jugando con migo. Me volteé enseguida, no había nada, solo pude divisar una sombra corriendo, y una risa divertida que acompañaba la terrorífica sensación de la situación. Comencé a dar vueltas sobré mi propio eje, buscando a esa sombra que se estaba burlando de mí. No la encontré, coloqué mis manos sobré mis ojos, me sentía como un loco cualquiera. Incluso, estaba temblando, sin saber porque.
Aún con la palma de mis manos posada sobré mis ojos. Sentí una sensación que hace años no sentía. Me abrazaron por detrás, cariñosamente, dócilmente… ¿Por qué?
Dejé de temblar, ya no tenía miedo, solo desconfianza, al no saber como reaccionar, di un codazo hacia atrás. Golpeando en el hombro a la persona u quizá objeto que me tenía abrazado. Me volteé, de nuevo, no había nada. Y las risas divertidas que se escuchaban hace un momento, se transformaron en un llanto lastimero, que me partía el alma. Me quede en silencio, mirando cada uno de los espejos con una concentración artística, en uno de ellos, el que yo tenía enfrente, divise algo que me helo la sangre, una mano, pequeña, esquelética, descompuesta, se posaba sobré mi hombro, yo la sentía, miré aterrorizado la mano que estaba en mi hombro, y era distinta a la que había en el espejo, la mano que vi fuera del espejo, estaba normal, sana, blanca, viva. La del espejo mostraba una terrorífica imagen de una descomposición avanzada. Me dio miedo mirar hacia atrás, el llanto seguía, era incesable…
(¿Ya no me recuerdas?, te olvidaste de mí, como todos, ¿cierto?)
Después de escuchar esas palabras, que fueron pronunciadas con tanta tristeza, con tanta decepción. También, yo, sentí esas palabras. Esas palabras me punzaron en el corazón. Sin mirar el espejo…Tomé la mano que había en mi hombro…Y sabiendo quien estaba detrás de mí, por todo lo que sentí…Por las sensaciones que viví en ese lugar…Yo sabía quien era, el chico que lloraba, que reía, que me hablaba tan afablemente, que me tocaba con tal delicadeza. Era él.
“Danny, yo jamás podría olvidarte.”
En ese momento, me volteé a verlo. Era el, sus hermosos ojos verde habían recuperado su brillo, su piel estaba tan perfecta cómo era en sus tiempos de vida despreocupada, su cabello negro azabache caía por sus hombros como pétalos de flor en Primavera, su apariencia era la misma que hace cuatro años, nada en él había cambiado, al verlo, de mis ojos, escaparon infinitas lágrimas, y Danny esbozó una tierna sonrisa, luego de eso, me abrazo fuerte, y no me soltó. Nunca más iba a perder a Danny, ya que él, siempre estuvo con migo…Yo sabía que él nunca me había abandonado, el, me lo había prometido.
(“Estaré siempre a tu lado.”)
En ese momento, volví a ser yo. Me levanté bruscamente de mi cama, mi rostro estaba plagado de lágrimas, mis manos temblaban, me miré al espejo, buscándolo, ya no estaba…Miré por la ventana, definitivamente, era mi casa. Nada cambió, solo había sido un sueño… Bajé al comedor…Aún dudando de la realidad de la situación. Todo estaba como siempre. Iba a bajar al sótano, pero antes de tocar la manilla de la puerta, sentí una mortal punzada en el pecho, mí cuerpo se desmoronó, y terminé tirado en el suelo…Fui por un vaso de agua, olvidando ir a buscar realidad en el sótano.
Subí de nuevo a mi habitación, era temprano, mas o menos las siete de la mañana, me recosté, me tapé incrustando la cabeza en las frazadas, e intente dormirme, sin éxito. Me levanté, ya que mi almohada me parecía incomoda. Tomé mi almohada para darla vuelta, y debajo de ella, encontré un papel, sin fecha, ni nombre. La abrí, y dentro de ella, decía con letra hermosamente caligráfica.
Je suis toujours à vous.
En seguida recordé, esa frase, que Danny siempre me susurraba al oído, esa frase que a mí me encantaba que susurrara, “Soy siempre tuyo”. En ese momento, asumí, que lo que yo viví la noche anterior, no fue un simple sueño…Fue el comienzo de algo, Danny había vuelto para mi…El nunca me había dejado, fui un tonto al creer que sí. El es siempre mío, y yo soy de él, no veo porque tendría que separarnos la muerte…No se como no me dí cuenta de eso antes…Danny nunca me abandonaría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario